Mejor con receta: una propuesta a la comunidad farmacéutica

  Todos somos conocedores que hay muchos de los medicamentos que a pesar de tener la clasificación legal de “medicamento sujeto a prescripción médica” se venden libremente en la mayoría de farmacias.

  Las causas con varias: son medicamentos de uso muy frecuente, tienen un bajo precio, un perfil de seguridad bastante bueno, y sobre todo las pocas ganas de los farmacéuticos de discutir con sus pacientes, así como la desidia de las administraciones sanitarias a la hora de buscar y sancionar estas infracciones. No me refiero a medicamentos como antibióticos o psicotropos cuya venta sin receta es un hecho muy grave y que por suerte creo que es cada vez menos frecuente, hablo de medicamentos cuya venta sin receta se tolera como omeprazol, analgésicos con codeína, antieméticos, antivertiginosos, etc.

¿Quién sale beneficiado al dispensarlos sin receta?

  Algunos pensarían que es el propio farmacéutico por las ganancias que recibe de la venta de estos medicamentos. ¿Seguro? Realmente no es muy rentable para el farmacéutico al tratarse de fármacos en su mayoría financiados y cuyo precio no suele sobrepasar los 3 euros, además llevar asociada una escasa bonificación en su compra por parte de los laboratorios. Sin mencionar el riesgo de una sanción mínima de 30.000€ por vender cualquiera de estos medicamentos sin receta (sí, te pueden caer 30.000€ de multa por vender omeprazol sin receta, más si se demuestra algún daño a la salud del paciente).

  Podríamos pensar que es el propio paciente el que se beneficia de esta situación, al fin y al cabo recibe un tratamiento efectivo a un bajo precio sin la necesidad de acudir a un médico y tener que esperar a que le prescriban la correspondiente receta. El problema es que muchas veces ese tratamiento ni es efectivo ni es seguro para los pacientes. Todos sabemos que “la vecina de arriba” o “la chica de la peluquería” tienen una capacidad de prescripción mayor que la de los farmacéuticos y a menudo el paciente nos solicita un tratamiento que puede no ser el indicado para él o incluso poner en peligro su salud al no tenerse en cuenta nunca las posibles contraindicaciones o interacciones. El omeprazol es un fármaco muy seguro pero no cuando lo usa una embarazada con acidez o cuando interacciona con otros fármacos, en cuyo caso puede disminuir su efectividad o aumentar su toxicidad. Así que no, el paciente no es el beneficiado, a pesar de que él lo crea.

medicamentos

  ¿Beneficia al sistema sanitario? Sin duda sanidad se ahorra un buen dinero gracias a aquellos pacientes generosos que prefieren pagar ellos íntegramente los medicamentos en lugar de acudir a su médico. De esa cantidad habría que restar los gastos ocasionados por efectos secundarios, visitas a urgencias y otras complicaciones se podrían haber evitado con una atención sanitaria temprana y adecuada. Un cálculo difícil de hacer pero que el Ministerio de Sanidad debe pensar que le resulta favorable ya que jamás ha demostrado realmente interés en corregir esta situación.

¿Qué podemos hacer?

  Podemos dejar de ser tontos, podemos garantizar la seguridad del paciente al mismo tiempo que mejoramos la rentabilidad de la farmacia. Podemos reforzar nuestro papel como asesores de salud y dejar de ser meros dispensadores. La mayoría de los medicamentos de los que estamos hablando cuentan con equivalentes terapéuticos que se pueden vender sin receta médica y que además de tener un precio más elevado ofrecen un margen comercial muy superior. Así que, además de evitar riesgos innecesarios al paciente y evitar una sanción económica a la farmacia, estarás aumentando tus ingresos y mejorando la imagen del farmacéutico como agente de salud.

¿Es posible cambio?

cambio  Sí, el cambio es posible a la par que necesario. Aunque no quiero pecar de ingenuo: es difícil cambiar viejas y arraigadas malas costumbres, tanto por parte de los pacientes como por buena parte del personal de la farmacia. El cambio ha de ser sosegado, gradual y muy estudiado para evitar conflictos farmacéutico/paciente.
  Ante la solicitud de uno de estos medicamentos podemos cometer dos errores: el primero es venderlo sin receta, el otro error que tampoco podemos permitirnos es negar el medicamento sin hacer más preguntas al paciente y dejar que se vaya de la farmacia sin más.

-“Buenos días, ¿Me da una caja de Algidol?” [Paciente]
-“¿Algidol?, ¿Para qué lo necesita? [Farmacéutico]
– “Es que me duele mucho la garganta…”
– “Verá, el Algidol es un analgésico con codeína que requiere receta médica. No obstante quizá no sea lo más adecuado para tratar un dolor de garganta… Si lo desea y me cuenta que le pasa puedo indicarle un medicamento que sea eficaz y no requiera receta.”

  Esta conversación puede terminar con el rechazo del paciente o con la aceptación de la recomendación farmacéutica, que finalizará con un servicio de indicación o de derivación al médico si fuese necesario. Si el farmacéutico muestra determinación y es capaz de hacer ver al paciente que es un profesional perfectamente capacitado para resolver sus problemas de salud, la conversación anterior suele llegar a buen término para ambos.

¿Por dónde empiezo?

  A continuación veamos por grupos terapéuticos ejemplos de medicamentos que pueden ser fácilmente sustituidos por equivalentes que no requieren receta médica. Si partes de cero te recomiendo una implantación gradual, consensuando un protocolo de actuación con todos los miembros del equipo.

1.- Fármacos usados para tratamiento de gripe/resfriado (Fluidasa, asociaciones de analgésicos con codeína, etc): pueden ser fácilmente aconsejados en su lugar cualquiera de las EFP disponibles, con mejores resultados para el paciente y mayor perfil de seguridad.

2.- Analgésicos y antiinflamatorios (diclofenaco, metamizol, etc): en muchos casos podrán emplearse en su lugar Paracetamol o Ibuprofeno 400 EFP.

espididol

3.- Inhibidores de la bomba de protones (Omeprazol): quizá sea uno de los fármacos más vendidos sin receta y a menudo mal empleados por los pacientes, sus sustitutos lógicos son antiácidos como el almagato (Almax) o la famotidina (Pepcid).

4.- Fármacos para el tratamiento del vértigo (betahistina, sulpiride): disponemos de fármacos sin receta para el tratamiento de una crisis vertiginosa como la Biodramina y de tipo preventivo como los productos que contienen Gingko biloba.

5.- Cremas con corticoides: a menudo se minusvaloran los efectos perjudiciales que pueden tener los corticoides tópicos, especialmente cuando son mal indicados o se hace un uso incorrecto de aquellos de alta potencia (clobetasol). Muchas veces podrán sustituirse por un antihistamínico o un producto de dermocosmética para irritaciones leves.

  Estos son sólo algunos ejemplos, por supuesto hay otros muchos que se podrían citar, dejo a vuestro criterio profesional elegir cuales son los más importantes y con los que hay que ponerse primero a trabajar.

¿Y tú? ¿Vas a formar parte del cambio?

 

8 thoughts on “Mejor con receta: una propuesta a la comunidad farmacéutica”

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